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La Psicología del Prejuicio: Un Resumen

Estereotipos Entre los Niños

La vulnerabilidad de los niños para estereotipar el "peligro" sugiere que los estereotipos son aprendidos a temprana edad. ¿Qué tan temprano es temprano? Varios estudios han observado preferencias en los miembros del grupo interno a la edad de 3 ó 4 años y el desarrollo de estereotipos raciales y de género un tiempo después (Aboud, 1988; Cameron, Alvarez, Ruble, y Fuligni, 2001; Martin, Word, y Little, 1990). Una investigación israelí inclusive documentó prejuicios anti-árabes en niños tan pequeños como de 2 años y medio (Bar-Tal, 1996). Aunque parezca difícil de creer que los niños pueden distinguir entre grupos sociales a tan corta edad, las investigaciones acerca del reconocimiento de género han encontrado que los niños típicamente empiezan a formar categorías sociales durante su primer año de vida. Los bebés a menudo pueden ser capaces de discriminar entre caras de mujeres y de hombres a la edad de 9 meses, y a veces tan temprano como desde los 5 meses (Leinback y Fagot, 1993).

Existen también situaciones paralelas directas en el contenido de los estereotipos en niños y adultos. Barbara Morrongiello y sus colegas convincentemente ilustraron este punto con un par de estudios sobre estereotipos de género (un estudio con participantes adultos y el otro con niños). En el primer estudio, las madres vieron videos en donde un niño estaba en situaciones de riesgo y ellas debían (1) parar el video en el momento en el que normalmente intervendrían, y (2) decir lo que normalmente le dirían a su propio hijo en esa situación (Morrongiello y Dawber, 2000). Recordando que el estereotipo de las niñas es que necesitan ser protegidas, los resultados indicaron que las madres de hijas pararon el video antes y con más frecuencia que las madres de hijos. Además, las madres de hijas verbalizaban más las advertencias del peligro de golpearse, mientras que las madres de hijos les fomentaban más el comportamiento de arriesgarse. Este prejuicio de géneros es similar a lo que se descubrió de que las madres subestiman la habilidad de gatear de las bebés mujeres y sobre-estiman la habilidad de gatear de los bebés hombres, aún cuando no existen tales diferencias (Mondschein, Adolph, y Tamis-LeMonda, 2000).

  Muestra de dibujos usados por Morrongiello, Midgett, and Stanton (2000)
Figura 3. Ejemplo de los dibujos de "alto riesgo" utilizados por Morrongiello, Midgett, y Stanton (2000), en su estudio de las percepción de de riesgo en los niños. Reimpreso con el permiso de Barbara Morrongiello.
Por desconcertantes que estos resultados sean para las madres, no hay razón para suponer que los padres actuarían diferente; décadas de investigación han documentado estereotipos de género entre ambos hombres y mujeres (Swann, Langlois, y Gilbert, 1999; Tavris, 1992). Pero, ¿qué sucede con los niños? En un segundo estudio, Morrongiello y sus colegas descubrieron que los niños entre 6 y 10 años de edad ven a los adultos con los mismos estereotipos de que las niñas son vulnerables al peligro (Morrongiello, Midgett, y Stanton, 2000). En este experimento, a los niños se les presentaban dibujos de un niño o niña que se encontraba en una de cuatro actividades de juego. La mitad de los dibujos describían a un niño sonriendo con confianza, y la otra mitad mostraban a un niño que se veía preocupado. Además, cada actividad era presentada en una de cuatro maneras: como riesgosas, poco riesgosas, moderadamente riesgosas, o de alto riesgo (ver Figura 3). Por ejemplo, en una serie se veía el dibujo de un niño seguramente sentado en un columpio (sin riesgo), sentado en un columpio mientras sostenía una lata de refresco (poco riesgo), agachado con los pies sobre el columpio (riesgo moderado), o parado encima del columpio con las cintas de los zapatos desamarradas (alto riesgo). En total, a cada participante del estudio se le mostró un grupo de 64 dibujos (4 actividades x 4 niveles de riesgo x 2 expresiones faciales x 2 géneros del niño representado = 64 dibujos) y se les pidió que clasificaran los dibujos por el tipo de riesgo que tenían. Los resultados: ambos niños y niñas tuvieron tendencia a medir el riesgo como mayor para las niñas que para los niños, a pesar de que, en realidad, los niños se lastiman más en forma rutinaria que las niñas.


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