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La Psicología del Prejuicio: Un Resumen

Estereotipos de las Experiencias Directas

Los estereotipos se aprenden no sólo de la publicidad sino también de la experiencia directa. Aunque algunos estereotipos se basan en la realidad (ejemplo: es cierto que los hombres son en promedio más agresivos que las mujeres), muchos son distorsiones que surgen de formas de pensamiento adaptadas. Por ejemplo, realice el siguiente ejercicio: mire a su alrededor por 5 ó 10 segundos y haga un recuento de lo que está en su ambiente. Luego, después de haber observado cuidadosamente sus alrededores, cierre los ojos y recuerde todo lo que usted notó. No lea más hasta que haya tomado el tiempo necesario para realizar este ejercicio.

¿Qué recordó haber visto? Si usted es como la mayoría de personas, las cosas que usted notó fueron las cosas más sobresalientes del ambiente -- objetos que eran prominentes, grandes, llenos de color o que llamaban la atención de alguna forma. Cuando nosotros observamos el ambiente, no le damos el mismo valor a cada elemento; más bien, somos bastante selectivos. Sin darnos siquiera cuenta de ello, automáticamente filtramos lo que vemos dándole más valor o importancia a lo que es más sobresaliente.

Normalmente, este tipo de filtro automático es sumamente benéfico. Después de todo, ¿qué es más importante notar, un carro que viene o una piedra pequeña al lado del camino? De la misma manera que con el pensamiento categórico, el concentrarnos en estímulos sobresalientes nos permite procesar una gran cantidad de información en forma eficiente. Pero también de la misma forma que en el pensamiento categórico, el concentrarnos en estímulos sobresalientes nos puede llevar a distorsiones sistemáticas en la percepción y a veces a prejuicios y estereotipos.

Un experimento realizado por Loren Chapman (1967) muestra cómo lo sobresaliente puede distorsionar el juicio que las personas se forman. Chapman proyectó una serie de pares de palabras, como por ejemplo tocino-tigre, en una pantalla enfrente de los participantes de su investigación. En una serie típica las palabras en el lado izquierdo de la pantalla fueron tocino, león, flores o barco; y las palabras del lado derecho fueron huevos, tigre o cuaderno. Chapman balanceó los pares de palabras de forma que cada palabra de la izquierda apareciera el mismo número de veces con cada palabra de la derecha, sin embrago, él descubrió que cuando se les pidió a sus participantes que calcularan la frecuencia de los pares de palabras, ellos respondieron haber visto correlaciones ilusorias. Por ejemplo, las personas estimaron que cuando la palabra tocino aparecía en la izquierda, la palabra huevos aparecía en la derecha el 47% de las veces. De igual forma, los participantes pensaron que cuando la palabra león aparecía en la izquierda la palabra tigre aparecía con ella la mayoría de las veces.

Aunque las correlaciones ilusorias pueden ocurrir por una variedad de razones, un elemento clave es que los pares distintivos se recuerdan mejor que otros pares (Hamilton, Dugan, & Trolier, 1985; Mullen, & Johnson, 1990). En el caso de la investigación de Chapman, algunos pares de palabras sobresalieron porque las dos palabras se relacionaban de forma temática. Sin embargo las diferencias también se incrementan cuando atributos extraños se juntan uno con el otro -- un resultado que algunas veces puede llevar a estereotipar.

Esta conexión fue mostrada en un experimento que presentaba personas con declaraciones cortas que describían el comportamiento de los individuos de cada uno de los dos grupos: "Grupo A" o "Grupo B" (Hamilton & Gifford, 1976). El grupo A tenía el doble de miembros que el grupo B pero la proporción de comportamientos deseables y no deseables representados en las declaraciones era el mismo en cada grupo. Más o menos, el 70% de las veces las declaraciones describieron un comportamiento deseable (por ejemplo: "visité a un amigo enfermo en el hospital") y más o menos el 30% de las veces las declaraciones describían un comportamiento indeseable (por ejemplo: "siempre habla de sí mismo o de sus problemas"). En otras palabras, las menos frecuentes y por lo tanto más distintivas declaraciones describieron comportamientos indeseables de parte del grupo minoritario (Grupo B).

Bajo estas circunstancias, las personas sobre-estimaron significativamente la frecuencia de comportamientos indeseables minoritarios. Como se muestra en letras negritas en la Tabla 4, los participantes recordaron el 52% de comportamientos indeseables como provenientes del grupo B, aún cuando el porcentaje real fue únicamente de 33%. Más aún, estudios subsecuentes han demostrado que este tipo de correlación ilusoria se da especialmente cuando los pares distintivos involucran comportamientos negativos y son consistentes con estereotipos pre-existentes (Hamilton & Rose, 1980; Mullen & Jonson, 1990). En esos casos, el hecho de que sobresalgan los pares inusuales puede reforzar fuertemente estereotipos minoritarios.

Tabla 4: Un Ejemplo de Correlaciones Ilusorias

 Contenido de declaración Grupo A Grupo B Total
  Distribución Actual de Declaraciones  
 Comportamientos
 Deseables
18 (67%) 9 (33%) 27 (100%)
 Comportamientos
 Indeseables
8 (67%) 4 (33%) 12 (100%)
  Distribución Percibida de Declaraciones  
 Comportamientos
 Deseables
17.5 (65%) 9.5 (35%) 27 (100%)
 Comportamientos
 Indeseables
5.8 (48%) 6.2 (52%) 12 (100%)

Nota: Esta tabla está basada en datos obtenidos de un estudio por Hamilton and Gifford (1976). A pesar de que solamente 4 de 12 declaraciones indeseables involucraban al grupo B (grupo minoritario), los participantes después recordaron más de los comportamientos indeseables que provenían del grupo B (promedio = 6.2) que del grupo A (promedio = 5.8).


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