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La Psicología del Prejuicio: Un Resumen

Estereotipos Perpetuados por Sí Mismos

Mujer en traje de baño toma un examen de matemáticas Una vez que los estereotipos son aprendidos -ya sea a través de los medios de comunicación, miembros de familia, experiencia directa, o cualquier otra forma, algunas veces cobran vida por sí solos y se convierten en "estereotipos perpetuados por sí mismos" (Skrypnek & Zinder, 1980). Como se había mencionado anteriormente, una manera en que esto sucede es cuando las personas experimentan una amenaza estereotípica que disminuye su rendimiento. Los estereotipos también pueden perpetuarse a sí mismos cuando a los individuos estereotipados se les hace sentir cohibidos o inadecuados. Por ejemplo, investigaciones sobre la auto-objetificación han demostrado que cuando las mujeres toman un examen de matemáticas difícil y están vestidas en traje de baño, tienen un rendimiento más pobre que las mujeres que están vestidas con ropa usual, mientras que los hombres no muestran ninguna baja en rendimiento. (Fredrickson, Roberts, Noll, Quinn & Twenge, 1998). Incluso la inducción subliminal puede llevar a que un estereotipo se perpetúe por sí mismo. Por ejemplo, cuando personas mayores de 60 años son expuestas subliminalmente a palabras como senil, incompetente y Alzheimers, muestran señales de pérdida de memoria (Levy, 1996).

En una demostración dramática de cómo la inducción puede llevar a estereotipos perpetuados por sí mismos, Mark Chen y John Bargh (1997) subliminalmente expusieron a estudiantes blancos a caras ya sea de blancos o negros tomadas de revistas populares. Una vez que los estereotipos fueron implícitamente activados, los estudiantes fueron colocados en parejas junto con un estudiante blanco que no fue expuesto a ninguna cara, y se le pidió a la pareja que realizaran un juego juntos. Los resultados mostraron que: (1) comparados con estudiantes a los que se les expuso a caras blancas, a los que se les expuso a caras negras más adelante mostraron más hostilidad durante el juego (consistente con estereotipos raciales incluyendo hostilidad hacia los negros), y (2) esta hostilidad incitó a la pareja no expuesta a responder con un incremento en la hostilidad. La conclusión perturbadora: simplemente al observar caras negras, se puede inducir a las personas blancas a que provoquen respuestas hostiles de parte de las personas negras.

Dinámicas de auto perpetuación se han documentado también con interacciones entre hombres y mujeres. Tal vez el experimento más conocido sobre este punto fue publicado por Mark Zinder, Elizabeth Tanke, and Ellen Berscheid (1977). En este estudio, se audio-grabó a parejas de hombres y mujeres por diez minutos mientras que se conocían entre sí por teléfono (la grabación de cada uno fue realizada por separado para su estudio posterior). Sin que las mujeres lo supieran, se les repartió a los hombres una de ocho fotografías de mujeres elegidas al azar -- supuestamente sus parejas -- para que tuvieran una "foto mental de la persona con la que hablaban." En realidad, cuatro de las fotografías ya habían sido calificadas como "mujeres muy atractivas" y cuatro como mujeres muy poco atractivas. Por lo tanto, a algunos hombres se les hizo creer que su pareja era atractiva y a otros que su pareja no era atractiva.

Como era de esperarse, cuando calificadores independientes escucharon más tarde las grabaciones de las conversaciones de los hombres, los hombres que pensaban que estaban hablando con mujeres atractivas fueron calificados como más sociales, cálidos y permisivos sexualmente, extrovertidos y con buen sentido del humor que aquéllos que pensaron que estaban hablando con mujeres poco atractivas. Más interesante aún fueron los comentarios de las grabaciones de las mujeres. Supuestamente, en respuesta a las diferencias en los comportamientos masculinos, las mujeres que inicialmente fueron percibidas como atractivas, en realidad se escuchaban estereotípicamente más atractivas que aquellas mujeres que originalmente fueron percibidas como poco atractivas, aún cuando las imágenes conceptuales de sus parejas masculinas fueron presentadas al azar y no tenían nada que ver con lo que las mujeres en realidad eran. Lo sorprendente de estos resultados es que el pensamiento de los hombres afectaba el comportamiento de las mujeres tan fuertemente, que las personas que escuchaban la grabación -- y quienes no sabían nada sobre el experimento -- podían escuchar la diferencia.


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