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La Psicología del Prejuicio: Un Resumen

Asimilación y Contraste

Una consecuencia importante e intrigante del pensamiento categórico es su tendencia para distorsionar percepciones. Típicamente, estas distorsiones toman forma minimizando las diferencias dentro de las categorías ("asimilación") y exagerando las diferencias entre categorías ("contraste"). Por ejemplo, cuando Joachim Krueger y Rusell Clement (1994) les preguntaron a algunas personas que estimaran temperaturas diarias de una cuidad cercana, encontraron una diferencia más pequeña entre las estimaciones de temperatura para el 15 de noviembre y el 23 de noviembre (fechas dentro de la categoría de "noviembre") que aquéllas entre el 30 de noviembre y el 8 de diciembre (fechas de dos meses diferentes). Ambos intervalos de tiempo eran de 8 días, y en realidad, el cambio de temperatura de la cuidad no era mayor en el último caso que en el primero -- simplemente parecía ser mayor porque las temperaturas en diciembre son, en promedio, diferentes a las temperaturas de noviembre.

En relación con este tema, Myron Rothbart y sus colegas (1997) cuentan una antigua historia judía sobre un campesino que poseía una finca cerca de la frontera entre Polonia y Rusia, en donde las señales fronterizas variaban con cada disputa internacional:
El campesino ignoraba, de un año a otro, si su finca se encontraba en Rusia o en Polonia, y eventualmente, contrató a un topógrafo para que resolviera este incierto. Después de varias semanas de esmerada evaluación, el topógrafo finalmente anunció que la finca se encontraba justo dentro de la frontera de Polonia. "¡Gracias a Dios!", gritó aliviado el campesino, "¡ahora ya no tendré que tolerar más los inviernos rusos!" (Rothbart, Davis-Stitt, & Hill, 1997 p. 123).

Dejando a un lado el humor, los efectos del contraste y de la asimilación se han observado en una amplia variedad de dominios, incluyendo en estimaciones de lo largo de una línea, en el juicio de sonidos del habla, en las impresiones de rostros, y en evaluaciones de actitudes (Brown, 1995; Tajfel & Wilkes, 1963). Robert Goldstone (1995) encontró el efecto de asimilación hasta en la percepción del color. En este estudio, se les mostró una serie al azar de letras y números a unos estudiantes, con una variación en color que iba desde un rojo muy fuerte hasta un violeta muy fuerte. Los resultados mostraron que aún cuando una letra o número tenía exactamente el mismo matiz, los estudiantes clasificaban la letra como similar en color a otras letras, y el número como similar en color a otros números (Ej., en el diagrama debajo, ellos observan la "L" como más roja que el "8" de color idéntico).

Imagen de Robert Goldstone (1995)
Rojo Violeta

Imagen 2. En un estudio sobre la percepción del color, Robert Goldstone (1995) encontró que la "L" superior se percibía como más roja que el "8," aún cuando la "L" y el "8" tenían un matiz idéntico en realidad. La imagen fue reimpresa con el permiso de Blackwell Publishing.

Con respecto al prejuicio, la implicación de esta investigación es que las diferencias dentro de los grupos tienden a ser minimizadas y las diferencias entre grupos tienden a ser exageradas. Más aún, si estas diferencias son consistentes con estereotipos bien conocidos, la distorsión en la percepción puede ser altamente resistente al cambio. En un estudio, por ejemplo, los participantes no pudieron liberarse de los estereotipos de género aún cuando se les alentó a hacerlo (Nelson, Biernat, & Manis, 1990). En este experimento, se les pidió a las personas que juzgaran la altura de varios hombres y mujeres de una serie de fotografías. Cada fotografía presentaba solamente a una persona, y se les dijo a los participantes:

En este folleto, los hombres y las mujeres tienen igual estatura. Nosotros hemos tomado el debido cuidado de igualar la estatura de los hombres y mujeres que aparecen fotografiados. De tal forma que, para cada mujer con una estatura particular, existe también un hombre de la misma estatura, en algún lugar del folleto. Por lo tanto, para hacer un juicio sobre la estatura, lo más exactamente posible, traten de juzgar cada fotografía como un caso individual, sin basarse en el sexo de la persona (p. 669).
A pesar de estas instrucciones y de un premio de $50 para la persona que llevara a cabo los juicios más acertados, las personas percibieron a los hombres, en promedio, unas cuantas pulgadas más altos que las mujeres. En otras palabras, ellos no pudieron o no quisieron hacer caso omiso de las categorías "masculino" y "femenino," y la percepción de que los hombres eran más altos que las mujeres prevaleció.


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